Otras historias para gente rara

Lo que usted nunca quiso saber de mí en un solo lugar

jueves, julio 17, 2008

Se viene el estallido

¿Qué pasó entre María Música Sepúlveda y la Ministra de Educación, Mónica Jiménez de la Jara ? Ocurre lo que pasa cuando tanto va el cántaro al agua: se rompe.


Si repetidamente la actitud es escudarse tras un cargo, tras un ministerio, tras las canas, tras la fuerza, tras lo que ustedes entiendan por el ejercicio del poder sobre otros, los excesos reiterados pueden pasar la cuenta. Y asumir que los menores de edad no tienen derechos civiles, por lo tanto, ellos "juegan" a manifestarse por una educación mejor, ellos "carretean" cuando salen en masa a decir basta, que ellos "no saben lo que quieren y lo que dicen" es no escuchar al otro, no validarlo en su calidad humana ni civil. Esa actitud proviene de - dizque - pedagogos y educadores que ahora tiritan pensando en todos los chicos que han humillado sostenidamente o en los alumnos que han apretado en silencio los puños aguantándose diversas formas de abuso decidirán no aguantar más, respondiendo con lo que tengan a mano. Me alegro, a ver si de una vez abandonan el púlpito y comienzan a interesarse en algo más que en representar su propia versión del monito mayor. Comprendan que ya nadie quiere seguirlos con esa actitud.


No cuestiono el reproche de quienes observan que sus paraderos se encuentran destrozados después de una manifestación estudiantil, por ejemplo. Sé que no todo el grupo de manifestantes se encuentra igualmente informados, comprometidos o motivados por ser más en esta sociedad. Pero me niego a condenar el origen y los objetivos de este movimiento de ninguna manera. Sólo poniendo atención al fin último coincidiremos en que es legítimo. También concordaremos en que es una lástima que menores de edad tengan que salir a las calles a gritar y patalear por algo que quizás a sus padres y sus profesores - de esos que hacen clases, no los del Colegio de Profesores, evidentemente - les corresponde. Y que crucificar a una chica de 14 años por volcar una jarra con agua ante tanto estrellarse contra el conducto regular, es no querer ver el fondo del asunto.


El baño con agua helada que María Música propinó a Mónica Jiménez - poética imagen, por lo demás - escapa a una acción de protesta regular, principalmente, porque vemos un paralelo entre el cuestionamiento a la autoridad y su cara más temida: la respuesta de alguien que sólo recibe un día tras otro un horrible "porque no". Es decir, no sólo no ofrecen argumento, sino que tampoco permiten que "el otro" se exprese.

¿Quién teme que estos arranques se repiten siguiendo el "modelo" de María Música? Profesores, sin duda, que no saben cómo controlar a un curso y los someten a anotaciones, ironías, palabras descalificadoras, acoso psicológico utilizando el poder que tienen sobre ellos. ¿Suena conocido? Sí, porque si los docentes que ejercen desde esa miseria humana pudieran funcionar como Ministros sobre un universo mayor, digamos todo el sistema educacional chileno, harían lo mismo que las autoridades de la cartera de Educación: echarían mano a las Fuerzas Especiales, los carros lanzaaguas, la represión y detención de menores, el cierre al diálogo en reiteradas ocasiones, la desatención hacia los problemas de los estudiantes. Porque no existe en una perspectiva fascista la posibilidad de cambio, a menos que sea propuesto por la persona que ostenta el poder. Y, sin duda, se despacharía desafortunadas declaraciones como estas perlas de sabiduría, que hoy pronunció la Ministra de Educación de Chile, Mónica Jiménez de la Jara, en Terra al ser informada que QUIZÁS María Música se ha manifestado desde hace 3 años:

"Yo le preguntaría qué pasó antes de la violencia. Qué pasó; porqué anda en la calle desde los 11 años; porqué ella se ha convertido en una activista desde los 11 años. ¿Es eso lo que esperamos de un niño de 11 años, que ande reclamando como decían ellos, hoy por las ballenas, mañana por la Ley General, pasado mañana por la causa mapuche."

Cuidado, señora Ministra. Las cosas han cambiado y ya no basta someter a personas en base a castigos y amenazas, ningunear sus causas o aplicar condescendencia como si se estuviera hablando de animalitos sin dueño. Mucho cuidado, porque aunque eso puede funcionar como tranquilizante en los círculos políticos convencionales en los que usted se mueve, eso también es violencia y el elástico de tanto estirarlo, se puede romper.

Para ver el episodio del agua entre aquí

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jueves, febrero 07, 2008

Las Otras

Dicen que las mujeres son poco solidarias con su género. Generalizaciones más o menos, la cosa es que no basta con tener ovarios para considerarse parte de la población femenina. Es inexacto que entre las minas no haya complicidad y respaldo en determinados contextos. Lo que ocurre es que eso se reserva para las que lo ameritan, porque – NO SE ENGAÑE – no es suficiente con sólo producir estrógeno y si vamos a ejercer la lealtad y respeto entre nosotras, lo aplicaremos con quien no nos haga pasar vergüenza por pertenecer al género femenino. Por lo tanto, señoritas y señoras, si ustedes se identifican con alguna de estas conductas, no espere condescendencia o simpatía por parte de todas las mujeres. Muchas de nosotras ya las hemos eliminado mentalmente de nuestro entorno, aunque ustedes sigan insistiendo que existen.

1. La incontinente. Alguien le dijo a esta mujer que compartir hasta el último sucio, triste, alegre o doloroso suceso de su vida con alguien que conoce por 48 segundos es equivalente a crear lazos. Yo no tengo idea por qué, pero en lo que va de este año ya me han tocado dos de este tipo. Lo penoso es que esperan que uno empatice, opine y les palmee la espalda luego de esta verborrea. Pues no, todo el tiempo uno se pregunta cuánto demorará el ascensor en llegar al piso esperado para poder salir corriendo.

2. Weight watcher. La clásica que ha vivido a dieta desde los 14 años y sabe, cuenta y retiene cada caloría que ingiere ella, su pareja, sus amigas, compañeros de trabajo, etcétera. Se sabe todas las dietas, tiene los pantalones de cuando logró llegar a la talla 40 y cuenta como un logro que en el verano del 2003 usó un bikini precioso. Probablemente sea la que más adelante relate lo flaca que estaba el día de su matrimonio, pensando que ese fue su momento de gloria. Mirará con envidia a cualquiera que se zampe una hamburguesa o un helado sin culpas y le encontrará celulitis hasta a Angelina Jolie. De puro penca. O sea, un encanto de mina. Puaj!

3. La novia. OK, tiene el vestido de novia en la cartera, en el bolsillo, como archivo de texto y su color preferido es el blanco. Su peor temor es que todas sus amigas y hermanas se casen antes que ella. Por eso, cuando le llegue el turno ya sabe cómo será su ramo, la lista de invitados y hasta el color de los manteles. Mareará con el último detalle que a nadie le interesa. Y ofrecerá frases como “cuando tú te cases..” o la mejor: “yo sé que vas a encontrar a alguien”. Porque sépanlo: después de pasar la etapa nupcial se sentirá como si hubiera hecho un doctorado que la convertirá en la mujer sabia, responsable y alejada de las costumbres de su pasado juvenils. No, ella será una señora respetable y con MARIDO, que es lo que importa. Un clásico en el apartado “pololas de amigos a las que difícilmente hablaré y me odiará por siempre”.

4. La tarada. No sé si es necesaria más explicación, pero normalmente suele estar relacionada con la nº 3. Si llegó a estudiar algo, fue algo fácil para terminarlo luego. Probablemente los trabajos se los hacía el pololo, la mamá u otros compañeros. Si es que trabaja, lo hace en lo primero que encontró y es posible que siga ahí a menos que la echen o se dé cuenta que le han sumado tres otras ocupaciones por el mismo sueldo. Quizás llame a la pega si está lloviendo para preguntar si hay que ir a trabajar y se encontrará minísima y tan distinguida por el traje dos piezas de uniforme que la obligan a ocupar en el trabajo. Mediocre hasta la médula. NEXT!

5. La apéndice. Nunca cachó qué le gustaba hasta que conoció a su pareja. Desde entonces, encontró su vocación, su religión, sus amistades, sus gustos musicales e incluso, sus preferencias sexuales. Eso sí, está convencida que es todo idea suya. Lo que la distingue es que constantemente trata de persuadir verbalmente a todo quien se le cruce de lo realizada e independiente que es, aunque cada vez que hace algo que agrada a su pareja lo celebra como si hubiera descubierto la cura para el Sida, porque su mayor temor es que él se dé cuenta que ella es una Zelig y la deje. Mientras tanto, trata de pasar por alto el hecho que a su media naranja poco le importa cuánto le copie, siempre la verá como su rémora. Lo triste: todo el resto de la gente a quien trata de impresionar la ve de la misma manera.

6. La mina. No es bonita. Probablemente tampoco tiene un cuerpo soñado. No se trata de eso, sino de la clásica señorita que busca la aprobación masculina a partir de su aspecto. Muere por un piropo de algún compañero de trabajo, de su profesor o del colectivero. Se reconoce en una oficina, porque es la que pasa diciendo corazón, mi amor, darling a cualquiera del género masculino y propiciando el toqueteo. Con las mujeres hace lo mismo: agarra del brazo, se ríe encima de una y cuenta una y otra vez el comentario que le hizo Juanito. Normalmente termina con un “y qué pensai tú?”. ZZZzzz.

7. La despechada. Una lata. No puedo empatizar con una mujer que todo lo que habla – a quien conozca y a quien no - es sobre su ex, lo pésimo que era en la cama, lo feo que es, lo avaro, sin clase y mil críticas más. Si el ex tiene pareja, se aproxima otra hora más de charla intrascendente y cargada de amargura tratando de pasar piola en el esfuerzo por demostrar lo bien que se encuentra sin él. Sufriente, como si fuera un don. Si sólo uno pudiera desvanecerse en el aire cuando esa raza aparece.

8. La sobria. Personalmente, no confío en nadie que no tome ni fume, sea hombre o mujer. Teniendo eso como premisa, no tengo problemas con las personas que no toman. Pero “la sobria” no sólo no aplica copete, sino que es la que empieza a decir “van a pedir otro????” o bien “este es el segundo (tercero, cuarto, etc)”, como si alguna fuera a irse manejando a la casa. Básicamente, no está preocupada por la integridad física de las bebedoras y eso la diferencia de las AMIGAS que no toman. Simplemente, se subió al pedestal de la moralidad y buenas costumbres y nunca más supo cómo bajarse de ahí. Comentará con un tufillo insidioso acerca del estado de tal o cual, dejando en evidencia que ella jamás haría algo así. Sin duda, la que más me gusta, porque uno siempre se encuentra presente cuando la estandarte de la virtud da un paso en falso y se da cuenta que es humana. Como todos.

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domingo, diciembre 09, 2007

Hablamos del peligro de estar vivos

Cuando paso unos días agitados como los de esta semana, siempre pienso lo mismo.

Lo mucho que me gusta mi vida, lo extraño que es sentirla por completo, intensamente. Se suceden sin respiro los momentos apremiantes, de angustia, de amor profundo y devastador, de risas como si yo las hubiera inventado, de placer, de tanta concentración que dejaría a los monjes tibetanos como unos pendejos con déficit atencional al lado mío, de desear sólo cosas buenas a mis amigos y afectos, de tomar una estrella con la mano y tirarla al pozo más profundo, porque nada de eso importa.
me gusta abrir los ojos y estar vivo
tener que vérmelas con la resaca
entonces navegar se hace preciso
en barcos que se estrellen en la nada
vivir atormentado de sentido
creo que ésta, sí, es la parte mas pesada
De sentir que me trago el tiempo, los minutos y segundos, que estoy alerta y que la vida no pasa por el lado ni por encima, sino que la siento con todo lo que eso significa. Sabiendo que es como caminar por la calle con un arma cargada y sin seguro.
Y no trato de aplicar mesura.
No intento buscar el equilibrio.
Existo para hacer feliz a las personas que más amo en todo el universo conocido y para vivir contenta conmigo, esperando que ambas cosas sean sinónimo. Sentirme satisfecha, poder ver mi imagen en el espejo, gustarme, reconocerme, sostener la mirada sin miedo y sonreír, porque dentro de todas mis contradicciones, no dejo espacio para traicionarme. Aún. Y ese es un privilegio que pocos podemos disfrutar.
me gusta sentirte a mi lado
me gusta estar al lado del camino
dormirte cada noche entre mis brazos
al lado del camino.
Al lado del camino.
Fito Páez

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miércoles, noviembre 28, 2007

Missing


Agotada, pero trabajando a pesar de todo y algunos. Hasta yo me echo de menos. Todo sea para terminar y poder por fin empezar el mejor verano de los últimos, déjenme contar... 4 años. Uffff, VAMOS, QUE SE PUEDE!!! No es que esté desaparecida, sólo haciendo mis obligaciones y pega adicional y eso, señoras y señores, toma tiempo. Tiempo que no tengo, por cierto, pero bueno. Simple paradigma positivista. Es decir, de causa y efecto.
Y el recadito de rigor por estos días:



PD: si no lo entendió, pregunte no más, estaré más que feliz de responder qué dice y a quién(es) lo dedico.

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