Siete
Leo un comentario en un blog: "Lo bueno de lo malo es que pasa. Lo malo de lo bueno, es que también se acaba. Con la misma rapidez".
Comienzo a hacer memoria: nunca fui fanática del colegio y al terminar éste, creo que el 60% de los egresados de IV Medio lloraban. Yo, de alegría y por la incertidumbre de no saber qué vendría. Hasta el momento, ese último año se me había hecho eterno. Como si cada día fuera una cita con el dentista, de esos minutos que nunca avanzan.
Cuando entré a la universidad, no creí jamás que todo pasara tan rápido. Cada año era mejor que el siguiente y si había alguna materia que me hiciera la vida un poco más difícil, sólo le dedicaba más tiempo. El estudio siempre se me dio muy bien y no me quejo al respecto. Si había algún personaje que me pareciera una basura, simplemente lo hacía a un lado y seguía disfrutando de lo que ha sido una gran etapa de mi vida. Quizás estudiaba algo que me parecía concordaba con mis intereses - no tener física, matemáticas y química fue una inyección de energía - o porque coincidí con un grupo de personas especiales, particulares y exquisitamente perturbadas, pero en definitiva, es una época que viví con ganas, esperando mortificada que llegara el último día. El tiempo, en este caso, voló descarado y me sacó la lengua burlándose de mí.
Todo tiene que ver con la manera en que uno traga y consume cada segundo de la vida. ¿Ejemplos cercanos? A Malaquías, el abismo le parecía interminable y cada noticia era para relatar que venía saliendo de una y otra batalla. Hoy no tiene la misma percepción y todos los que lo conocemos vemos cómo empieza un capítulo nuevo en una hoja en blanco. A punto - si es que no lo ha hecho ya - de finalizar la guerra.
Mi amiga F. comenzó su propia noción del tiempo en cámara lenta al terminar una relación de años con un pobre mequetrefe (siempre fue un papanatas, no sólo porque ahora es parte de su pasado). Ahora con una compañía que la hace feliz, no sabe cómo hacer para estirar los minutos de su vida en conjunto.
Puedo dar mil ejemplos: la época en que usaba frenillos y la cuenta regresiva para que me los removieran, los meses viajando y el deseo porque esos días duraran por siempre, tener un choque anafiláctico y rogar porque el tiempo se detenga para llegar a Urgencias antes de que deje de respirar. Ahora, que el tiempo avanza tan rápido y estoy pronta a cerrar una nueva etapa, me sorprende que por fin clausure un ciclo. Justo a las puertas de mi cumpleaños.
Porque en 7 días más conmemoraré otro año más de vida y este puñado de días pasa a su ritmo y no se da cuenta que me encuentro como un presidiario marcando lo que falta para que sea el 21 de julio. MI DÍA. Todo lo que sé es que en las celebraciones con los amigotes y gente querida voy a estar disfrutando a fondo cada minuto con ellos, porque sé que esos son los momentos más escurridizos. De puro feliz que me sentiré de compartir esas horas con los míos. Y porque ellos saben que cuando su momento llegue, estaré ahí.
Comienza la cuenta regresiva. Y ya me puse contenta.
Etiquetas: Cuenta regresiva, Cumpleaños

2 Comentarios:
A la/s martes, julio 15, 2008 1:56:00 p. m.,
Mar Bradshaw dijo...
Encontre este blog por una casualidad, gracias a que decidi poner en el mio una imagen de Penelope Glamour.
Me encanta, este blog, asi que te hago un enlace al mio.
A la/s miércoles, julio 23, 2008 7:03:00 p. m.,
Unknown dijo...
Eres quien más disfruta de los cumpleaños, cada año te enriqueces analizando tu vida, recupenadola y resconstruyendola. Espero vengan muchísmos cumpleaños más y sigas siendo tan feliz como demuestras ser.
Saltamontes, cada día aprendo contigo miradas distintas de la vida. Te quiero mucho
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