Otras historias para gente rara

Lo que usted nunca quiso saber de mí en un solo lugar

martes, octubre 09, 2007

Amarillo, el peor color

"Ay de los tibios. Más os habría valido ser fríos o calientes, mas porque sois tibios, os vomitaré de mi boca" dice la Biblia.

Bastante asquerosa la advertencia, pero no por eso menos interesante. Yo creo... no, estoy se-gu-ra, de que esto es el sueño del pibe.O, al menos, de los pibes como yo. Y en toda manifestación del amarillismo que no tengo ganas de detallar acá. Tal como escuché hoy de una persona en quien confío ciegamente, no se puede estar bien con dios y con el diablo. Pero lo que me hizo quedar pensando mucho al respecto fue la otra sentencia que anadió: "Que no se te olvide quiénes son tus amigos, porque si te vas por el camino de la conveniencia y te sientes tentado a darles la espalda, tienes que saber que esos son los únicos que no deberías descuidar. Nadie ha repondido o responderá como ellos". Cierto, muy cierto. Pero volviendo de lleno al tema, sólo ansío cumplir la palabra bíblica. La dura. Para complementar esta idea, agrego el texto de mi columnista favorito en la vida. HRM de "La vida según Benito". (De esos Benitos raros, con B larga). Gracias Chechita por el dato.
"Cada vez que estoy borracho, logro ver en mis amigos el aura de la verdad. Debo confesar que mi estado de borrachera ha sido muy alto estas últimas semanas (por no decir meses o años) y en todas se produce el mismo fenómeno fantástico e inexplicable. Una suerte de iluminación mística que me hace ver con plena claridad las almas de mis amigos. Y cuando digo amigos, me refiero al circulo hermético y sagrado de aquellos que llevan la lealtad tatuados en el alma. Hay muchos conocidos que pululan sonrientes por ahí, sin embargo son contados con la mano aquellos seres especiales que logran sostener rígidos e implacables un tácito código de honor. Aquellas almas bellas y poderosas son las que yo considero mis pares. Seres que aparentemente deambulan sin rumbo fijo, pero que a la hora de enfrentarse a un dilema moral, no dudan en tomar el camino correcto. Mis respetos a esos viejos lobos de mar. Sabios y silenciosos. Gozadores eternos. Su respiración es mi mejor aliado."

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miércoles, agosto 29, 2007

Maldita Lulú


Me acaban de invitar a un asado, o como se me señala en el mail, "vamos a tirar toda la carne a la parrilla", signifique eso lo que signifique. Los asados están bien, no tengo que ayudar en nada, porque los hombres se pelean estar cerca del fuego moviendo el carbón, poniendo la carne, haciendo como que hacen algo. Las mujeres (si las hay) se dedican a hacer como que están muy ocupadas, traen platos, vasos y un gran etcétera mientras se dan vueltas y conversan algo diferente al tema que tiene lugar cerca del fuego. O sea, haciéndose las ocupadas como el 90% de las mujeres que conozco en casi cualquier situación. Y luego estoy yo, en actitud contemplativa, mirando todo esto, conversando con los hombres que no se creen del Club de Los Búfalos Mojados, no pescando a las minas hacendosas (ahí no cuenta la dueña de casa, que está obligada a responder preguntas estúpidas como “¿tienes más ceniceros?”, “¿Tienes algo para echar aire al fuego?”, “¿tú le pones eneldo, orégano, rábano picante, ajo, dijon (o cualquier especia o condimento) a la mayonesa?”. Pobre).
El desfile de minas con ensaladas, aderezos varios y demases ocurre mientras aplico un Lulú con los que están "preparando" la carne y acaparando los bebestibles con graduación alcohólica, mientras todos nos preguntamos mentalmente para qué tanta clorofila, si finalmente atacaremos la proteína, dejando aflorar el cavernícola que tenemos dentro. Luego de choripanes, pellizcos varios a los animales muertos y mucha cerveza, vino y demases, estoy como perro de Pavlov y ya es necesario ver esa carne en mi plato. Esta es la parte controversial, porque para mí el punto exacto de cocción de la carne de vacuno está más cercano al mugido. A la inglesa o como mucho, a punto. Y aquellos del otro bando - de los que sólo la comen dura y seca como suela - me intentan disuadir. Error, sólo una pérdida de tiempo y un espacio más para intercambiar frases de desprecio mutuo, porque si la preferencia va por lo ultra cocida, da lo mismo qué comes. A esas alturas la carne ya parece cualquier cosa.


Entonces comienzo a devorar lo que hay en mi plato, acompañada de los sangrientos carnívoros que optan por la carne en su punto. Luego se suman los que la prefieren como zapato casi al mismo tiempo que las hacendosas mujeres que ya encuentran que es tiempo de sentarse. Yo continúo en actitud contemplativa - pero conversadora - mientras el resto de los amigotes, que me hacen sentir como Lulú, siguen llenando mi plato y mi vaso. Sé que en esta nueva oportunidad, en medio de mi quietud y placidez sibarítica me preguntaré nuevamente por qué cresta me siguen invitando a esos asados si: escasamente ayudo en cosas domésticas, me como todo el pebre SIEMPRE y miro feo a los que osan sacar algo, discuto los procedimientos asadísticos todo el rato y encima, casi siempre paso conversando con los niñitos y, muchas veces, no llego a intercambiar palabra con las niñitas presentes (generalmente pololas de o parejas de que con seguridad, me detestan). Pero francamente, lo paso demasiado bien como para empezar a cuestionarme eso ahora, en mis veintisiempre.

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miércoles, abril 25, 2007

Riddle me this, riddle me that...




¿Qué conocidísimo y polémico escritor chileno y referente literario señaló muy campante su preocupación por los ....
PREJUICIOS APRIORÍSTICOS?

Sí, leyó bien: PRE-JUI-CIOS A-PRIO-RÍS-TI-COS


Y? Alguien se apunta?



(Por lo demás, muy hipócritamente, tal como cada persona que suele pontificar acerca de los prejuicios. Pero si tiene la oportunidad, no los pierda de vista y siga atentamente la diatriba, aunque sólo sea para escucharlos contradecirse posteriormente. Nada como un antiprejuicioso acérrimo para una buena carcajada con los amigos después. )
apriorísticamente prejuiciosa (sí, mi humilde homenaje) ,
P. Glamour

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