Noshotrosh (que hablamos en pluralshhh)
El que pronuncia un discurso, cuenta un cuento, narra una aventura, un sueño, o describe una situación, evita a menudo el uso del pronombre personal que lo identificaría. Hay voces que parecen tener razones para no darse a conocer inequívocamente; tal vez hay ocasiones en que los asuntos lucen mejor cuando su mediador está como ausente. En castellano se recomienda, como regla estilística, abstenerse de mencionar expresamente la primera persona del singular cuando silenciarla no afecta el sentido; se dirá ‘pienso’, ‘respiro’, en vez de ‘yo pienso’, ‘yo respiro’. La regla se relaja, en cambio, en el caso de la primera persona del plural. ‘Nosotros pensamos’ es mucho más usual e inofensivo que ‘yo pienso’, y aparenta, a primera vista, estar libre de toda pretensión de captar el interés del lector para quien habla. El plural parece disolver la vanidad demasiado obvia de la mención repetida de sí mismo.
A pesar de esta ventaja, el uso del ‘nosotros’ trae consigo otros compromisos. La voz colectiva apunta a un supuesto consenso que abraza al que se vale de ella, quien formaría parte y dispondría de una tradición o de un valor compartido. Colocarse en medio de un ‘nosotros’ para hacer cierta declaración le presta una autoridad a lo dicho que a veces no pasa de ser una aspiración del solitario que necesita ampararse apelando a un grupo imaginario. ‘Yo creo’ puede preceder a una declaración insensata; ‘nosotros creemos’ da la impresión de que se trata de un principio o de una convicción compartible y, por ello, sustentada por muchos. Pues la estupidez extrema y las locuras no consiguen fundar agrupaciones. Además, entre las varias aplicaciones del ‘nosotros’, hay una que tiene características propias. Se trata de su función en declaraciones políticas, discusiones morales, discursos programáticos en general. En estos casos, el ‘nosotros’ es dicho con la intención de formar una pluralidad que acaso no existe todavía. Es un ‘nosotros’ agrupante, movilizante de voluntades por reclutar. Fundar una comunidad práctica, con la intención de que muchas acciones concurran a fomentar cierto fin, se expresa mediante este peculiar ‘nosotros’ futurista, el cual es bien diferente del ‘nosotros’ que supuestamente alberga al que habla y cuya existencia ha de preceder a su mención.
Cuando comunica algo nuevo, original ya sea por su forma o su contenido, el sujeto moviliza recursos personales, pues lo que dice le concierne, sea como miembro de un grupo o como individuo. Solo en el caso de lugares comunes, frases hechas, repeticiones de lo archiconocido, el hablante puede prescindir, sin menoscabo de lo hablado, de toda referencia directa o indirecta a sí mismo. Para eso hay términos radicalmente impersonales que expresan la borrosidad del hablante. Esos ‘uno’ y esos ‘se’ en frases como ‘Uno sufre en esta vida’ y ‘Se usa dar la mano al saludar’, pueden decirse sin mención de ‘yo’ o de ’nosotros’, debido a que no significan casi nada. Entonces, ¿por qué repetir lo que todos saben, han oído y dicho tantas veces que ya no sirve para comunicar? Porque, manoseado y reducido a cháchara, ya no le cuesta ningún esfuerzo al entendimiento y la comprensión y ofrece, en cambio, un remanso en el curso de la vida humana dedicada a explicar, contar, describir.
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