Quemar los puentes
Ignacio hablaba en su blog sobre su imposibilidad para quemar los puentes por donde transita. A mí me resulta tan fácil hacerlo, que es como si cargara permanentemente un bidón de parafina conmigo. A diferencia de él no lo veo como una negación del pasado (si algo he aprendido es que no me puedo permitir actitudes ahistóricas como esas). Es algo más complejo darse cuenta que para bien o para mal, uno no se ubica en las mismas coordenadas y dar vuelta la página no se utiliza para dejar atrás lo que molesta, lo innecesario o lo nocivo. Se trata de atreverse a dar el paso para buscar lo esencial, lo que falta y no apegarse demasiado a lo que fue, que en su momento alimentó esperanzas, permitió el crecimiento de alguna manera, nos hizo felices o todo lo contrario. Pero es parte de otro ciclo y de otra persona.
Un profesor me dijo una vez que la vida en verdad es muy corta como para dedicar algo de tiempo a los libros malos. Apenas con lo que vivimos alcanza para la literatura capaz de hacernos ser mejores (por favor, si están pensando en autoayuda, autoelimínense) y el resto es desaprovechar las capacidades y, sobre todo, la dimensión temporal que disponemos para hacer las cosas que nos podrían abrir la cabecita a 125 mil caminos diferentes. Lo mismo opino con estas decisiones no tomadas, con las personas incrustadas, con las ideas que no despegan. ¿Habrá suficiente vida como para seguir arrastrando estos inconclusos? El cuestionamiento en mi caso no es si cuento con existencia suficiente o no, sino qué hacer con la limitada energía que tengo y que estoy capacitada para administrar. Tengo una cuota tan exacta que quiero invertirla en las cosas que me mueven, en lo que proyecta lo que me gusta y lo que soy, en lo que me permite concretar mis sueños, en lo que nos hace felices y, sobre todo, en las personas que valen la pena. Todo lo demás, quedó al otro lado del puente.
A cualquier costo.
No regrets.


3 Comentarios:
A la/s martes, mayo 02, 2006 2:56:00 p. m.,
Baguala dijo...
No hay suficiente vida. Castaneda, aunque algunos quieran incinerarlo en la hoguera de los autoayudas, lo dice de una manera especial, porque lo enlaza necesariamente con la muerte. Un guerrero se desprende de todo porque no sabe dónde ni cómo llegará su muerte. Es la energía del fin.
Aguante, Ada!
A la/s martes, mayo 02, 2006 9:34:00 p. m.,
LostCause dijo...
de tanto arrasar puentes uno puede terminar quemándolo todo
lo que tampoco es malo
saludos
A la/s martes, mayo 02, 2006 9:57:00 p. m.,
Anónimo dijo...
"Ahora...quémalos a todos"
Duende verde a Rafa en capítulo de Los Simpsons
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