Creo en la posibilidad de ser feliz. Pendeja mimada me dijeron hace poco, pero como ya superé la contradicción de mezclar el whisky con agua bendita e hice de eso una marca, lo dejé pasar, porque el tema de la culpa está resuelto. Cargo, eso sí, con la desgracia de ser mucho más periodista de lo que quisiera. Una de mis manías entrañables es hacer repetidamente la forma de una flor con el dedo cuando (según yo) nadie me mira. Otra, es irritarme con las faltas de ortografía. Y sigo convencida de que toda la ciudad de Viña del Mar debería ser como Recreo, el barrio donde vivo.
1 Comentarios:
A la/s miércoles, mayo 03, 2006 12:22:00 p. m.,
Anónimo dijo...
Los muertos siempre hablan y nadie esta muerto mientras se piense en el
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