Otras historias para gente rara

Lo que usted nunca quiso saber de mí en un solo lugar

jueves, abril 20, 2006

Huachos



Ayer vi un zapatito de guagua colgado de la ventana de una casa. Me explicaban que se acostumbra ponerlos así en caso de que los distraídos padres vuelvan en busca del objeto perdido. Luego, esa imagen se multiplicó y se convirtió en una oda al cariño por las cosas incompletas cuando en un carro de fierro afuera del Terminal de Buses Alameda se balanceaban una docena de zapatitos de guagua que alguna vez tuvieron una pareja.

Lo curioso es que yo nunca había visto algo así, aún cuando me dicen que es una práctica muy corriente en Santiago, porque al menos en Viña/Valpo jamás lo había notado. Puede ser porque tengo una ceguera selectiva (en realidad, ceguera y ya), pero me pasa cada vez más seguido ver algo que siempre ha estado ahí para todo el mundo, pero que por no haber reparado antes en eso, me sorprende como si estuviera descubriendo un universo paralelo. Como si me abrieran los ojos.

Y ayer sentí que había perdido mucho tiempo y entendí esta recurrente referencia a lo huacho, ese complejo de Marco (el niño que busca a su madre por todas partes del mundo hasta dar con ella, tal como dice en su canción “no me importa dónde vayas, te encontraré”) y eso de empeñarse, por ejemplo, en conservar ese calcetín que no tiene par. De hecho, fue la historia de mi vida durante el colegio, eso de estar con el calcetín en la mano a las 7 AM, buscando de cabeza en un cajón por el tiempo suficiente como para salir atrasada y encima, con calcetines imperceptiblemente distintos, pero diferentes al fin y al cabo. Como si ellos mismos no se dieran cuenta que no eran el uno para el otro. No había caso, no sé cómo desaparecían, pero después de un tiempo, sólo encontraba uno de cada uno. Y aún así, en mi casa éramos incapaces de botarlos todos y empezar de nuevo sólo con pares perfectos. Es como si entre ellos se apoyaran, conversaran, lo pasaran bien, pero seguían destinados a estar solitos. Igual que con los zapatitos de guagua. Había una remota esperanza de encontrar el complemento perfecto para cada uno. Pocas veces ocurrió.

Tener varios documentos, paper y notas empezadas y que andan circulando por mi pieza, por mis cuadernos, por mi computador, por mi cabeza y mis labios esperando ser completadas por el resto del contenido pendiente para eliminar la orfandad de tantas ideas que están ahí, a medio camino, para convertirse en lo que realmente son. Aguardando ESO que las saque de su abandono y las borre de la categoría de simples huachos, que creo que es el deseo que todos esos pensamientos dispersos, esos calcetines solitos, los zapatos huérfanos y algunas personas, muy en el fondo, quieren.

Bonus Track:
La imagen de calzados Calpany con la niñita llorando con sólo un zapatito en la mano debería ser de culto si es que no lo es ya, y está ahí, en el imaginario de mucha gente, a pesar de que ya no existe ni el dibujo
ni la empresa Calpany en Chile.

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