El Hada de los Dientes
La cosa es así: tengo una relación muy especial con Hugo, Paco y Luis, mis tres sobrinos, que no se llaman así, pero da lo mismo. Los amo, me aman, pero no existe eso de la tía que les compra lo que quieren, los saca a pasear, les dice apodos cariñosos y los llena de dulzura hasta la diabetes. No, no, no. Pero – repito – nos amamos hasta la locura en nuestra retorcida e infantil manera. Sí, NUESTRA infantil manera.
El punto es que por culpa de un oscuro personaje ahora me siento algo culpable, porque el domingo invité a Hugo, Paco y Luis al cine. Bueno, qué le puedo hacer, me caen bien los pendejos. Pero no era mi faceta de la parvularia que nunca nadie quiso ser, sino por el gusto de existir no más. Además, había una condición que habíamos conversado con los más grandes (de 9 y 5 años): yo les pagaba la entrada, las cabritas y los extra a cambio que después me invitaran a comer algo a la salida del cine. Nada muy ostentoso, pero cada uno debía poner luca. Y no seamos ingenuos, los niños de ahora tienen un amplio repertorio para conseguirse desde permisos hasta computadores, así que lo de la luca no era gran cosa.
Cuando nos sentamos a comer algo el mayor me pasa su billete hiper arrugado. Por curiosidad, le pregunté de dónde había sacado la plata y me dijo que era de lo que el ratoncito de los dientes le había dejado por la muela que se le había caído dos días atrás. OK, debo reconocer que un sentimiento extraño me invadió, pero no me preocupé mucho. Cuando le tocó el turno a mi otro sobrino, su madre (mi hermana), que se había sumado para comer algo chatarriento con nosotros me entregó el resto de la plata. Yo dije “Haaaaaaaaaaaaaaaaaaaa, pequeño tramposo, le pidió la plata a la mamá”, pero luego ella me explicó que sólo había actuado como banco, cambiándole las monedas de $10 que guardaba en su alcancía con forma de casa. Reconozco que la imagen de mi sobrino pequeñito sacando de a una las moneditas y pidiéndole a su hermano mayor que se las contara me conmovió un poco. Pero lo que sí me sensibilizó fue saber que eso cubrió la mitad de la cuota y que el resto, lo salvó con la plata que el maldito Ratoncito le dejó por su primer diente. Quinientos pesos.
En el momento no medité demasiado la procedencia de la plata y seguimos con el almuerzo improvisado, pero luego una horrible persona removió mi conciencia y a pesar de que estoy completamente en contra de que a los niños se les trate con condescendencia, se les sobreproteja y finalmente se les diga “no se preocupe, mijito, porque ble”, ahora miro a esos niños y me siento ligeramente podrida. Casi nada logra producir un debate ético y moral en mí, pero Hugo, Paco y Luis , al parecer, son palabras mayores, incluso para mí, que me he convertido en la MalvaHADA DE LOS DIENTES.

5 Comentarios:
A la/s miércoles, abril 26, 2006 9:00:00 a. m.,
Anónimo dijo...
Maldita amiga pérfida,
el ratón debería ser menos capitalista y propongo q desde ahora en adelante le deje a los niños libros, lápices y legos, en la onda intelectual. Y si se quiere poner hippie q les deje semillitas para q planten el famoso árbol. Y ya si se quiere poner enfermo de paleteao q les deje una tesis. JA!
A la/s jueves, abril 27, 2006 5:27:00 p. m.,
Baguala dijo...
... relájate emergente... los niños son mucho más inteligentementemotivos de lo que piensas.
Yo.
La Ada que soy no más.
A la/s viernes, abril 28, 2006 8:54:00 a. m.,
Anónimo dijo...
insisto en la diferencia de capitales...pq al más grande luca y al más chico quina? Maldito ratón discriminador.
A la/s jueves, diciembre 18, 2008 10:37:00 a. m.,
Anónimo dijo...
mmm, creo que están mal. No sé porqué no hay que ser condecendientes o sobreproteger a los niños, si eso es parte de nuestra naturaleza humana o animal, y tiene como objetivo que sintamos cariño, aprecio, ternura, etc, todo para protegerlos de cualquier peligro... También tenemos que educarlos y hacer que se conviertan en personas "buenas" no "perfectas", ya que los errores también son parte de nuestra naturaleza. Sabían que la forma más fácil de aprender desde bebés es: ¿probar, errar y corregir?; porsupuesto que puede resultar muy caro, por eso se debe incorporar la experiencia de otros: Los "adultos", pero eso no significa que no comentan errores. Además; de verdad piensan que esta anécdota de la Hada de los Dientes influirá en el resto de sus vidas????. Dejemos a los niños vivir su niñez y ojalá que ellos nos dejen vivirla con ellos, porque ya no somo niños... Cuando un niño quiere algo es como si un adulto necesitara un corazón para poder vivir o un pulmón para respirar
A la/s jueves, diciembre 18, 2008 10:45:00 a. m.,
Anónimo dijo...
No había leído el otro post, perdón por las faltas de ortografías, mi intensión no es irritarla.
Saludos
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