Otras historias para gente rara

Lo que usted nunca quiso saber de mí en un solo lugar

miércoles, enero 17, 2007

17 de enero

En este momento debería estar enchulando un preguión, estructura narrativa de carácter inexplicable, útil para cualquier persona, menos para un guionista. Pero aunque ese era el plan, no puedo.
Siempre me cuesta esta fecha. Hace 11 años, pendeja insoportable y regalona, fui a patinar con mi amiga Marcela todo el día, toda la tarde por el sector de avenida San Martín en Viña. Ese día decidí estudiar Periodismo y mi abuela me dijo que ella sabía que me iba a ir muy bien y me habló de Lenka Franulic. Antes de desaparecer toda la jornada le di mil besos y ella me abrazó, me preguntó a qué hora llegaría y, como siempre, le respondí con una estimación muy poco realista. Cuando regresé casi de noche, me di unas vueltas, me reí, hice reír a todo el mundo antes de entrar a la pieza de mi abuela, como siempre lo hacía. Me tiré en la cama con toda la suavidad de un paquidermo, porque así de sutil era yo en mi versión tontona insoportable adolescente. Pero ella no despertó. Fui a buscar a mi papá, que bajó con un amigo (había visitas ese día) y me pidió que no entrara. Y claro, no despertó más. Estaba muerta.

Me cuesta este día, porque el recuerdo de todo el proceso está muy vivo. Mi conducta las semanas sucesivas fue errática, llena de contrastes, de errores, de dolor, de vacío y de rabia contra ella por abandonarme, contra Dios por permitir que malnacidos siguieran con vida, mientras la persona más dulce, cariñosa, sabia e incondicional se fue de mi vida. ¿Resignación cristiana? Las pelotas.

Hasta hoy, 11 años después no logro hablar de ella sin emocionarme, sin sentir que aunque pasé casi 20 años con ella, regalaría todo lo que tengo por haber pasado otros 20 más. Por haber tenido más tiempo para seguir diciéndole como cada día, lo mucho que la quería, perderle las tijeras, explicarle quién era esa tipa que aparecía en la foto del puzzle (estaba muy poco actualizada con la farandulilla de esa época), esperar a que fuera viernes y saber que ella me iba a guardar la Zona de Contacto para que nadie la leyera antes que yo y bajarle la bandeja del desayuno para que ella no tuviera que cargarla con la escoliosis y hernia que la aquejaba.

A veces me acuerdo que me bastaba sólo con acurrucarme a su lado mientras ella veía la teleserie brasileña (costumbre que me heredó) y sentir su olor exquisito a jabón de glicerina de manzana de una marca alemana que no recuerdo, para sentirme bien, tranquila, concentrada, segura. Yo era su regalona y creo que conmigo compartió más secretos y tuvo más complicidad que con sus propias hijas.

Hoy es el día en que me quedé sola y así lo sentí, así lo vivo sin aplicar victimización, porque en adelante no sentí nuevamente el amor incondicional ni deseos de responder de la misma manera. Estaba deshabitada y creo que me sentí en la obligación de apañármelas por mí misma, a pesar de ir dando palos de ciego sin contar con sus consejos, intuiciones ni su bondad en mi vida. Así tenía que ser sin ella y así fue. Hoy es doblemente desolador, porque es el día en que viví la pérdida de otro ser amado, del mejor de todos, del que me hizo entender que en verdad no estaba sola.

Dije que este año sería el mejor. Al parecer, no. Sólo sé que hoy no quiero estar acá, ni en ninguna parte y diré lo que no quise pronunciar en voz alta hace casi una década este mismo día: nada de esto vale la pena si no va a estar conmigo. NADA.

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4 Comentarios:

  • A la/s jueves, enero 18, 2007 1:47:00 p. m., Anonymous Anónimo dijo...

    Pucha Amiguita, qué le puedo decir, me desarma saberte así, triste. Acostumbrado estoy a verte siempre riendo, botando cosas, carcajéandote, entrecerrando los ojos pa'poder mirar y enfocar mejor, enojada e iracunda, despotricando contra el mundo y el sistema ... pero así, triste, no, no esto preparado para eso.
    Te quiero
    MAURO

     
  • A la/s jueves, enero 18, 2007 5:49:00 p. m., Blogger Leonor dijo...

    Penélope
    Me siento profundamente identificada con tu historia, yo me crié con mi abula materna de los 6 a los 16 años y también había mucha complicidad entre nosotras, siento que me regaló todos esos secretos que se reservó ante sus hijos. Ella fue lejos la perosna más importante en mi vida y hoy que paso también por una sensación de pérdida muy dolorosa, sólo te puedo decir que hay penas que viven con uno, peor que aprendemos a vivir con ellas al abrigo de los buenos recuerdos, aunque nuevos dolores las traigan nuevamente al presente.

    Un abrazo Grande
    Leonor

     
  • A la/s sábado, enero 20, 2007 12:35:00 p. m., Blogger Baguala dijo...

    LInda, frente al dolor no hay mucho más que decir, es para eso, para que duela...
    Pero te imaginas que ella, tu abuela, hubiese dicho lo mismo a los veinte años?... tu no serías... no serías así... deja que duela para que puedas entregar después a esos que ahora nos puedes ver...
    Un abrazo en espiral, que la posta del amor continúa.

     
  • A la/s lunes, enero 22, 2007 10:35:00 a. m., Anonymous Anónimo dijo...

    Ufff me llegó mucho tu relato también

    Me pasa algo parecido cuando pienso en mi Nonno, el único artista de la familia aparte de mi, fué él quien me insitó a dibujar y pintar, a mirar los paisajes mas allá de lo que hay, a leer y apreciar la musica...

    Cuando murió sentí que se había ido el único que realmente me entendía, ahora todas mis obras se las dedico a él, esperando que las pueda ver de donde sea que esté...

     

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